MIGUELILLO Y PEPINILLO
19 agosto de 2002
Autor: Jaume Quiles Campos

 

Atardecía. En lo alto de aquella colina, en medio del campo, Marcos sostenía su recortada. La sangre había salpicado la mitad de su rostro. En el suelo estaba Joaquín, sentado, con una pierna magullada por los perdigones de su amigo, hecha trizas más bien.

- Estamos en paz. - Dijo Marcos.

Ayudó a Joaquín a levantarse y apoyándolo sobre su hombro volvieron a casa. Lentamente. Sin prisa. Porque todo había acabado.

- No hacía falta el último tiro - dijo Joaquín.

- Sí hacía falta, sí.