12:35 de la mañana. El detective Sherlock Holmes sale de su casa. Ataviado con su pipa y su característica gorra de Sherlock Holmes, se dirige a la tienda de ultramarinos de la esquina:
VENDEDOR: (Canta o dice algo). Buenos días, señor Sherlock Holmes.
S.H.: Buenos días.
V: ¿Qué le pongo?
S.H.: Pues no sé, a ver a ver ... ¿A cuánto está ese jamón?
V: ¿Este? Este es un poco caro, a 150 el kilo. Es que es de pata negra.
S.H.: ¿De bellota?
V: No, no, pata negra. Lleva tres años colgado en la trastienda y se ha llenado de mugre.
S.H.: Ja, ja, ja. Qué guasa, qué guasa. Ay! qué guasón que eres, qué guasón. Anda, ponme un cuarto.
V: ¿Un cuarto de baño o un cuarto menguante?
S.H.: Ja, ja, qué guasa, qué guasa tienes, qué guasón, qué guasón. ¿Y de queso, qué tienes?
V: Pues tengo muchas clases de queso: el queso de cabrales, el queso emental de holanda, el queso de Burgos, el que sobró ayer…
S.H.: Ja, ja, ja, qué guasa. Qué guasón que eres, qué guasón.
V: Bueno, entonces, ¿qué queso te pongo?
S.H.: El emental, querido guasón, el emental.